El aire que respiramos y nuestra salud

La contaminación atmosférica afecta a la salud de toda la población, aunque no de la misma manera. Los niños, las personas mayores y las personas con problemas de salud, como asma, enfermedades del corazón o de los pulmones, sufren más los efectos que el resto.

Muchos estudios científicos demuestran una relación directa entre la polución y la salud. El aire contaminado provoca cáncer, afecta el sistema inmunológico, contribuye a la aparición de asma, tiene claros efectos en enfermedades cardiorrespiratorias, modera el desarrollo del cerebro de los niños y reduce la esperanza de vida.

Problemas respiratorios y cardiovasculares

Una exposición a corto plazo al dióxido de nitrógeno (NO2) puede provocar irritación de los ojos y del sistema respiratorio. A largo plazo, los principales efectos pueden ser un desarrollo pulmonar más lento en los niños, bronquitis en niños asmáticos y la aparición de enfermedades respiratorias crónicas y cerebrovasculares en los adultos.

Las partículas en suspensión (PM2,5 y PM10) provocan muchas alergias nasales y oculares y afectan especialmente al aparato respiratorio y al sistema cardiovascular. La exposición a largo plazo a partículas en concentraciones relativamente bajas, habituales en el medio urbano, puede afectar a los pulmones e incluso causar cáncer. Las partículas más finas (PM2,5) son las más peligrosas para la salud, incluso cuando los niveles no superan los límites establecidos por la legislación europea. Desarrollo más lento del cerebro de los niños

Los niños son uno de los grupos de población más afectados por la contaminación atmosférica en la ciudad de Barcelona. Según los estudios, los niveles de polución del aire se doblan en los horarios de entrada y salida de las escuelas. La contaminación del aire puede alterar la conectividad cerebral de los escolares y retrasar el desarrollo.

Reducción en la esperanza de vida

Estadísticamente, la exposición a estas concentraciones se ha asociado a una disminución de unos meses en la esperanza de vida de la población. Hay colectivos más propensos a tener problemas de salud a causa de las partículas presentes en el aire, especialmente las personas mayores, los niños, las personas con enfermedades cardiacas y pulmonares y los asmáticos.

¿Qué hay que hacer cuando se anuncia un episodio?

La Red de Calidad del Aire de Galicia hace públicas una serie de recomendaciones de acciones sencillas que es necesario que la población cumpla para contribuir a reducir la contaminación y para que su salud no se vea afectada:

Recomendaciones para las actividades deportivas

A pesar de los problemas derivados de la contaminación del aire, es médicamente aconsejable realizar de manera regular actividades deportivas, como andar, correr, ir en bicicleta, nadar u otras. Lógicamente, se recomienda que las personas que tengan problemas respiratorios o cardiovasculares hagan estas actividades en el interior.

Lo más importante es actuar con juicio: si un día el aire está muy polucionado, quizás es mejor aplazar la salida de correr hasta que la contaminación se disipe. No obstante, diferentes estudios médicos han demostrado que, en personas sanas, los beneficios de hacer deporte son mayores que los posibles perjuicios derivados de la exposición a un aire contaminado.

Recomendaciones en casos de superación de los límites de información o alerta a la población:

En caso de que se vean superados los umbrales de alerta a la población, se recomienda seguir las siguientes precauciones sanitarias para reducir las afecciones:

  • Toda la población deberá evitar la prolongada exposición al aire exterior en las horas centrales del día, especialmente aquellos sectores de la población más sensibles, los grupos de riesgo (madres gestantes, ancianos, niños, y adultos que padezcan enfermedades crónicas respiratorias o afecciones cardiovasculares).
  • Se deberán evitar las actividades prolongadas al aire libre que requieran esfuerzo físico, (principalmente, actividades físicas y deportivas) así como trabajos arduos en espacios abiertos, especialmente los grupos de riesgo.
  • Permanecer en los hogares y limitar la ventilación de las viviendas lo máximo posible.
  • Evitar el contacto con otros alérgenos como el polen, el polvo o animales domésticos, en el caso de ser alérgico a los mismos.
  • Mantenerse informado de la evolución de los niveles.
  • Para contribuir a mejorar la situación, se recomienda:
  • No utilizar el coche en distancias cortas.
  • Limitar el uso del vehículo a los desplazamientos imprescindibles y evitar horas punta.
  • Realice un correcto mantenimiento en su vehículo (estado y presión de neumáticos, revisiones periódicas, etc)
  • Comparta el automóvil. Reduzca el uso del vehículo privado.
  • Utilice el transporte público o medios de transporte más sostenibles que el coche privado.
  • Conducir con suavidad y no utilizar la climatización del vehículo inútilmente.
  • Compartir vehículo para los traslados, en la medida de lo posible.
  • Haga un uso racional de la energía, tanto en el hogar como en el puesto de trabajo.
  • Evite el uso de calefacciones de fuel o carbón.
  • Detener el motor del coche cuando esté parado o si se encuentra en un atasco.
  • Limitar la temperatura de casa y de la oficina a 20 °C.
  • Limitar el ejercicio al aire libre a las horas en que los niveles de contaminación son inferiores (es decir, fuera de las horas punta de movilidad).
  • Limitar el tiempo de permanencia en el exterior y evitar los lugares donde se producen las concentraciones máximas de contaminación (vías de tráfico intenso, semáforos, cruces, etcétera).
  • Evitar largas exposiciones al sol.

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